MAR DEL PLATA.- En esos días en los que sólo se hablaba de la designación de la sede de la final, y cuando todavía no se había consumado la baja de Nadal, una charla con Luli Mancini derivó hacia una consulta:
-Teniendo en cuenta la cancha que se pondrá, ¿no te imaginás a Feliciano jugando en lugar de Ferrer?
-No, no veo que España saque del segundo singles a Ferrer. Aun cuando Feliciano juegue bien en sintético, no creo que Emilio tome esa decisión.
Paradojas del destino, ese destino que tantas veces ocupa lugares preponderantes en la Davis, Feliciano López terminó siendo uno de los nombres de la jornada, portador de un tenis exquisito y que eleva el dramatismo en una definición que empezó con ilusiones potenciadas para la Argentina y cerró con muchos enigmas.
Bueno, esto es la Davis. Así lo fue desde siempre. Hace unas semanas hablábamos de la experiencia de Málaga 2003, de cómo la Argentina, diezmada y frente a los mejores del mundo en polvo, volvió de un 0-2 y forzó un quinto punto. En esta oportunidad, todo estaba a favor: los guiños de la temporada con ausencias rivales, la localía, la levantada de Nalbandian, la explosión de Del Potro (aunque con su pico máximo alcanzado hace dos meses), y como remate, la lesión del número 1 del mundo. Pero como se dijo, que esté el boceto del camino hacia la gloria no significa que conlleve la firma. No alcanzó la extraordinaria actuación de Nalbandian; no bastó el esfuerzo que desplegó Del Potro, hasta que el cuerpo se lo permitió, para contener a un fenomenal López. ¿Y ahora?
Quedan tres puntos. Nada está perdido, pero cuando imaginábamos una serie cerrada no contábamos con Del Potro casi fuera de circulación para el último día. Esto, en otras palabras, y considerando que su punto es el cuarto, pone una presión suprema sobre el dobles de hoy. Y no es, precisamente, un punto que últimamente le haya deparado a la Legión grandes alegrías. A la vez, López-Verdasco componen una dupla que infunde respeto. Y con Feliciano entonado y fino como ayer, no quedan dudas de que será una batalla mental, tenística y determinante.
Está visto que no puede cantarse victoria antes de tiempo ni estar pensando en la foto con la Ensaladera, como imaginaron muchos políticos, sin jugar los partidos. Aunque la historia no está concluida. "Pues, es la Davis, tío", diría un español. Y no se equivoca...
ccervino@lanacion.com.ar